Curtis Borchardt era uno de las grandes promesas del baloncesto norteamericano. Las mejores universidades del país se «pegaban» por él, un pívot fuerte y con un excelente lanzamiento. Todo iba bien, hasta que una grave lesión de rodilla le alejó de las canchas y del top-10 del draft. Fichó por los Jazz de Raúl López, con el que compartió horas de fisioterapia en la enfermería de de Utah. Una vez recuperado, apenas contó para Jerry Sloan y buscó una salida. La encontró en Memphis, donde llegó a coincidir con Pau Gasol, pero de donde salió sin disputar ningún partido por culpa, una vez más, de las lesiones.La llamada del Granada le sedujo. Pidió consejo a su amigo Raúl y no se lo pensó. Aquí entendieron que el físico del pívot necesitaba más descansos y con esa receta empezó a rendir como antaño. Fue clave en la salvación del equipo en 2006 y sus números atrajeron el interés de los grandes equipos europeos, pero Borchardt prefirió quedarse para convertirse en un referente de la ACB, algo que ha logrado, con creces, y que hoy espera refrendar ante Felipe Reyes, el único jugador que, a día de hoy, le supera en la estadística.

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