miércoles, 21 de enero de 2009

"Bebimos nuestra orina con nieve para hidratarnos"

LOS SUPERVIVIENTES DEL ACONCAGUA CUENTAN SU HISTORIA

El guía y una compañera de expedición perdieron la vida en la montaña argentina, "Intentamos inyectarle ganas de vivir, pero ella sólo quería congelarse".

Los picos nevados andinos, con el Aconcagua al frente, brillan con fuerza mientras el avión hace las maniobras de aproximación al aeropuerto de Mendoza, algo así como la tierra prometida para los montañeros que se disponen a subir el pico más alto de América con sus 6.962 metros de altura. Unos llegan y otros se van, que es lo que hicieron el lunes, con lágrimas en los ojos y los dedos de las manos y los pies vendados por las congelaciones, los italianos que sobrevivieron al drama de hace diez días, cuando el guía argentino que les acompañaba, Federico Campanini, y su compañera de expedición Elena Senin, fallecieron después de hacer cumbre.

Regresaron, eso sí, hundidos después de haber tenido que dejar en el Aconcagua a su compañera Elena Senin y al guía Campanini, sobre el que se deshacen en elogios porque, entre otras cosas, cedió sus guantes a Afassio para que no se le congelaran las manos. Soportaron temperaturas nocturnas de hasta 25 grados bajo cero y vientos de 70 km/h hasta que fueron rescatados

"Pasamos tres días en el glaciar y todo fue muy rápido, casi como un segundo", han contado estos días en la prensa local. Fueron, sin embargo, tres días en el infierno, con temperaturas nocturnas de hasta 25 grados bajo cero y vientos de 70 km/h hasta que fueron rescatados. Todo comenzó cuando después del día de Reyes empezaron a subir el Aconcagua, cumbre que lograron —todos menos Antonella Targa, que se dio la vuelta a tiempo— sin demasiadas dificultades, aunque un poco tarde, a las 16.00 horas.

"El problema surgió en la cumbre", donde en apenas un instante y sin que las previsiones lo anunciaran, se desató una fuerte tormenta. Sin tiempo que perder, comenzaron el descenso, pero en aquellas condiciones no tardaron en perderse. Y empezaron los problemas, una pesadilla que nunca olvidarán.

Sin comida ni agua
La noche se hizo eterna y los problemas iban en aumento, porque el guía también comenzó a sentirse mal. "Tenía un principio de edema cerebral y en su delirio decía cualquier cosa". Acabó quedándose entre las nieves eternas, de donde tantas veces había salido indemne. Los que quedaban de la expedición se daban ánimos y se abrazaban para darse calor. Pero no tenían comida —apenas unas barritas de cereales— ni bebida, ni tiendas donde refugiarse.

No fue fácil sobrevivir en esas condiciones. "Bebimos nuestra propia orina mezclada con nieve para hidratarnos", relata Matteto, hasta que los equipos de rescate los localizaron en el Glaciar de los Polacos, a 6.700 metros de altura, donde unos días antes también había fallecido el alemán Stefan Geromín, de 42 años.

Sólo el año pasado, un total de 4.600 personas subieron o intentaron subir el Aconcagua. “Dos o tres alpinistas mueren cada año”, dicen fuentes oficiales, cifra que se ha superado largamente este año con cinco fallecidos sólo en el mes de enero.

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